Vino & Libros… “Asteroide B612”

 

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¡Hoy la cosa va de otro planeta!…¿Están preparados?

Marypaz nos trae una lectura que seguramente nos vuelva a enamorar… En Vino & Libros descubrimos otra forma de abordar nuestros sentidos, maridando dos mundos llenos de sensaciones y recuerdos…

Next Stop… “Asteroide B612”

Debería comenzar este nuevo artículo presentando al intrépido autor de nuestro libro, debería intentar introducir al lector en el “peculiar” mundo del personaje protagonista, debería, debería, debería, … pero en esta ocasión ¡no lo haré!.

Hoy trabajaremos sobre una obra con la que no puedo ni quiero ser objetiva, una lectura que marcó mi infancia y que aún hoy sigue sorprendiéndome: “El principito”.

Ha sido una tarea que aunque desde el principio se presentaba grácil y sencilla, tal y como recordaba que fue hace veinte años, nada ha tenido que ver con ello, todo lo contrario. Tal vez por esto y porque toda cruz tiene su cara haya logrado entender finalmente la dedicatoria que Antoine de Saint-Exupéry redacta al comienzo del libro y que concluye diciendo:

“Todas las personas grandes han sido niños antes. (Pero pocas lo recuerdan.)”

Yo, no lo recordaba.

Tenemos la enorme suerte de poder evocar momentos felices, de percibir olores que nos resultan familiares e incluso de contar historias que nos contaron hace años, pero no podremos jamás revivir un hecho pasado ni con la misma ingenuidad ni con las mismas sensaciones de la primera vez y eso me hace sentir una infinita tristeza.

Hace algo menos de un mes, después de las fiestas navideñas y del “ajetreo viajero” típico del momento, me dispuse a “comenzar” con la lección; he de reconocer, muy a mi pesar, que no conseguía entender nada, releí sin parar y me desesperé por lo que llegué a identificar como una redacción bastante “desordenada”; era imposible avanzar ¡fue frustrante!

Decidí entonces dejar el libro sobre la estantería durante una semana al menos, procurar olvidar lo sucedido y volver a empezar con ánimos renovados, o eso esperaba… Había perdido la primera batalla.

En ese tiempo intenté cada noche “viajar” a mis nueve años, cerraba los ojos y visualizaba a mi madre ofreciéndome un vasito de “vino de la monja” para tratar de “amortiguar” mis problemas con la comida (conste que no era nada personal), vi como mi hermana pequeña corría detrás de nuestro gato con un bote de lavavajillas y a mi abuelo partiendo almendras en una esquina del patio para luego tostarlas al sol con aguasal; descubrí así que la “aparente” felicidad de hoy en aquel justo momento era de una pureza extraordinaria.

Por ello y a pesar de mi personalidad cuadriculada inicié de nuevo la lectura como lo hubiera hecho en aquel tiempo, sin buscar dobles sentidos, sin querer hallar respuestas; me dispuse a leer por inercia y todo comenzó a fluir.

Contemplé cuarenta y tres puestas de Sol en un día, durante horas tuve que soportar las quejas de una flor tan bella como desesperante, viajé por el universo y conocí a todo tipo de peculiares personajes: un rey sin súbditos, un vanidoso sin admiradores, un estresado farolero que vivía en un planeta diminuto y un Anciano algo “complicado” que escribía enormes libros sobre geografía.

La Tierra fue mi último destino y comencé a entenderlo todo.

Como ya habréis comprobado a estas alturas y saltándome toda estructura establecida en artículos anteriores, no os voy a hablar de tipos de uva, ni de Denominaciones de Origen; tampoco de las maravillosas metáforas que encierra “El principito” pero os propondré un reto: leedlo de nuevo o hacedlo por primera vez, me atrevería incluso a exigíroslo; no pretendáis analizarlo, sentidlo desde las entrañas y tal vez, como me ha sucedido a mí, llegando casi al final, recordéis que al menos una vez fuisteis INTENSA y SANAMENTE felices.

“- Cuando mires al cielo, por la noche, como yo habitaré en una de ellas, como yo reiré en una de ellas, será para ti como si rieran todas las estrellas.

¡Tú tendrás estrellas que saben reír!”

 

Maridaje

Este planeta es un lugar extraño, aparentemente está lleno de gente pero no hay nadie por aquí, el desierto es muy aburrido, los días son muy calurosos y las noche demasiado frías.

He encontrado cobijo bajo una pequeña vid, parece tan frágil que no sé si podrá resguardarme lo suficiente…

Pero nada es lo que parece y cuando comienza a amanecer crece y se vuelve poderosa, sus sarmientos rizados brillan como si de oro se tratase y se enredan entre mi pelo despertándome de un sueño que queda inconcluso, los racimos desprenden un aroma dulce, cálido, de ciruelas pasas y tofe ¡tengo tanta hambre!; me atrevo a coger una uva para saciar mi antojo, de pronto siento mi cuerpo reconfortado y los recuerdos se agolpan en mis papilas, en mis sentidos, en ese corazón aventurero que ahora, de pronto, siento vacío… Echo de menos mi pequeño planeta y a mis tres volcanes, incluso ahora los baobabs no me resultan tan molestos.

Quisiera poder volver a casa, es mi hogar y allí me siento dichoso.

Recomendación de acompañamiento para la lectura:

24

– Quina Santa Catalina

(Malvasía y Macabeo)

Comunidad Valenciana

Vinos G. A. Genovevo García Álamo S. L.

Fuente: Ilustración y redacción By Mari Paz C. Z.

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